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sábado, 18 de febrero de 2012

El Tio La Malla

Aprovechando mi arte, doy a conocer mi nueva página "El Tío La Malla" donde podéis encargar aquellos caprichos que siempre habéis soñado poseer (en malla) y que por falta de tiempo o por no encontrarlos por ahí, no habéis conseguido aún.

Como adelanto, los elementos "normales", cofias, mantos de obispo, cotas, guanteletes... los conseguiréis al mismo precio que podáis encontrar en las famosas páginas checas, pero con la garantía personal de un compañero con el que os cruzaréis en cualquier evento recreacionista (servicio postventa) y dependiendo del grado de satisfacción con el producto, o bien nos vamos de cañas o nos batimos en Juicio de Dios para ver quién gana con la posible disconformidad. Además, los gastos de envío se reducen si coincidimos en cualquiera de esos eventos ya que yo mismo lo transportaría.

¿Tener lo mismo que puedo conseguir en cualquier otra página?. Sí, pero la diferencia es que puedes elegir el tipo de material, dimensiones de las anillas, estilo, "acabado", totalmente personalizado.

Por otra parte, si se os ocurre (a mí por ejemplo se me ocurrió) la rareza de "tapizar" los reposacabezas de vuestro carruaje con malla, o alfombrillas etc... (CUALQUIER COSA), lo hago también.

Os dejo el enlace a la página donde iré subiendo fotos de mis productos y mi correo electrónico para los encargos.

jmesa.ingcivil@yahoo.es

http://eltiolamalla.blogspot.com/

Espero complacer a los más sibaritas y eso sí, sed comprensivos con los plazos de entrega, ya que si bien un manto de obispo puedo terminarlo en una semana, una cota... como que no.

martes, 7 de diciembre de 2010

El vikingo nazarí.


Hola amigos, ahora soy moro.
Hoy en día no es la mejor palabra a emplear pero es por culpa de los cuatro energúmenos que le dan ese carácter peyorativo que creéis que tiene.
La palabra moro no es despectiva ni mucho menos. Viene de la época en que parte de la Península era administrada por los musulmanes. Fijaos que no digo árabes, puesto que “árabe” es otro término que designa la procedencia de alguien. Así, moro designa al musulmán procedente del norte de áfrica y se usaba para distinguirlo del musulmán procedente de arabia, o al de oriente medio o tierra santa, al que llamaban sarraceno.
Dicho esto, yo mismo tengo que corregirme y decir, “hola amigos, ahora soy andalusí”.
Como ya comenté en pasadas entradas, mi amigo Señor B ha logrado que Ediciones B le publique su primer libro “El Esclavo de la Al-Hamra” y el pasado día 19 de Noviembre hizo su presentación en una conocida librería de Granada capital.

 Para ambientar la cosa, y gracias a la ayuda de los Battlehonours, asistimos caracterizados de soldados nazaríes del siglo XIV. He aquí algunas fotos.

(Sí, el bolso es el típico de marroquinería con cremalleras y todo, y sí, es de mi mujer, pero da un pego que te cagas). Si ya nos ponemos así, lo dejas, y no sigas leyendo.

Ah, listillo, y la lanza tambien sale representada en tapices de la época a pesar de tener orígenes celtas. (Además de ser la única que tengo).

He estado tentado de pixelar las caras del resto de los integrantes dado que no les pedí permiso para publicar estas fotos pero no lo haré, primero porque no lo va a leer ni el Pepo y segundo porque pixelar a estas dos preciosas féminas es pecado.

El grupo de aguerridos guerreros (o pajes de los reyes magos según dijo algún padre graciosillo o inculto a sus hijos).
Pau, Hachi, Rocío, Eva, Señor J, Señor JA y Lucano, alma de la fiesta.

(Juro que no estaba dormido en esta guardia)

 Para mi supuso un gran esfuerzo ya que la cota de malla que me hice resultaba demasiado occidental, vamos, demasiado normanda y es que no se si os habéis fijado, pero hasta entonces en el pecho lucía un rectángulo adicional de malla, el cual era mi personal interpretación a los cuadritos que están representados en el tapiz de Bayeux .

La mayoría los interpretan como la parte del almófar que cubre la boca “descolgada” por no estar atada en base a que no se conservan cotas con dichos rectángulos. Yo, más bruto que nadie, o al menos, más crítico, pienso que es tontería cargar contra el enemigo sin cubrirte, ya que si tienes esa opción, pues nunca se sabe, mejor puesta que desatada. Y como mi propia experiencia me ha enseñado al confeccionarme la malla, casi sin darme cuenta, hice una abertura para la cabeza que cubría totalmente desde los hombros al cuello y claro, para que entrase la cabeza,  dejé una vertical de anillos delante, justo encima del esternón, sin unir para que “abriese” por ahí. Este punto flaco, queda tapado con el cuadrado extra de malla y con él cumplo dos funciones que tienen su lógica, una, cubrir ese solape y segundo, una protección extra para esa parte del pecho que lleva dos capas de cota de malla. La gente suele hacerse cotas con la abertura a la espalda, y luego la anudan para cerrar la vertical dejada. Que también es lógico y concuerda con los hallazgos.


Al grano. Decidí quitarle ese rectángulo y claro, tuve que remodelar toda la parte del cuello para que me entrase la chola. Como soy as del reciclaje, (más que nada que no había comprado alambre y me sobraban, no se… trescientos anillos del rectángulo y las anillas que tuve que quitar para abrir el cuello), reubiqué el sobrante de material en las mangas que aún están sin terminar pero que han ganado un par de centímetros de longitud.
Con ayuda de un traductor de árabe, cosí unas cintas a las mangas del gambesón con las siguientes inscripciones. Para el brazo derecho, el de la lanza: “Dale fuerzas a este brazo para acabar con mis enemigos”. Para el brazo izquierdo, el de la adarga: “Dale fuerzas a este brazo para defender Garnata”.
Tendríais que haberme visto haciendo la caligrafía árabe como si fuera el libro del “micho”. Primero usando de plantilla lo que (en letra tamaño 52) salía en la pantalla del ordenador y luego repitiéndolo en un folio por lo menos 5 veces, antes de atreverme a escribirlo (con rotulador de marcar cajas, de esos de punta cuadrada, muy medieval) sobre la tela.

Creo que quedó aceptable, pero la próxima vez que haga de musulmán, procuraré hacerlo en una cinta de mayor anchura que al final quedó muy fina.
Esto fue lo más laborioso, el resto, unas babuchas de las tiendas de la alcaicería, unos pantalones bombachos y una pashmina de idéntica procedencia, jirones de una sábana vieja para las polainas, faja y turbante… y tachán, por unos 30 leuros, pasé de ser un hombre del norte a ser un guerrero nazarí.
Y otro gran descubrimiento, ¿recordáis que siempre he dicho que me faltaba el calzado para completar mi indumentaria?. Pues si despegáis el talón de las babuchas y os las calzáis como un zapato normal, voila, ya tengo calzado occidental  (con un poco de pico). ¡¡Por 12 leuro!! y no esas preciosas botas de por ahí, pero que te cuestan mínimo 60.
Ah, claro y para los que os lo estéis preguntando… no voy a comisión, lo juro.

domingo, 14 de marzo de 2010




Éste soy yo medio equipado tras la última Medieval Experience III (Me falta la cofia que presté a un amigo para vestirlo de “restos” y un gambesón que he comprado en fecha posterior). Hoy me ha dado por escribir y esta vez, en principio, no es para promocionar a nadie. (¡Quiá, novedad!).

Somos de Granada. Aprovechando que el día 28 de febrero fue fiesta en Andalucía, y tras pasarnos un año sin poder coincidir para juntarnos tres amigos a tal efecto, por fin realizamos lo que en un principio parecía una ME3 (Medieval Experience III) descafeinada puesto que pasé un mes buscando localizaciones (entiéndase: castillos) alejadas de la miradas de curiosos y que cumpliesen un mínimo de estética.

La historia de las Medieval surgió por el hecho de que a un flipao (Señor B) se le ocurrió hacerse una cota de malla estilo europeo 6 en 1 de alambre galvanizado del 12. Y como se dice, “Dios los junta”, me dije, - ¿y yo no sería capaz de hacerme una cota de malla?- (germen y perdición de mi vida y de otros hobbies), y claro, como soy metódico empecé a ensayar con un alambre oxidado más fino y manejable que encontré donde mi padre guarda los utensilios del campo. Me hice un rectangulito de unos 10 x 10cm y decidí que sí que podía. (Por cierto, si os fijáis, este rectangulito pasó a formar parte tal cual del guante que cubre la mano que blande la espada sin más que coserlo a unos viejos guantes de cuero).

Armado de confianza me propuse igualar la hazaña del Señor B y, repito, soy metódico, decidí vestirme de cabeza a pies. Pues nada, lo dicho, comencé por la cabeza. (Olé tus h…, luego supe que la cofia es de las piezas más complejas de realizar, puesto que has de hacer reducciones etc para cerrarla en la coronilla). Hago saber que existen numerosas páginas de confección de malla y patrones, pero yo no, yo a lo bruto, ensayo-error, comencé a mi riesgo y manera por la cofia, de la que me siento orgulloso por haberla sacado sin ayuda “externa” y de manera autodidacta.

Medieval Experience I (MEI).

Armados de ilusión, frikismo, una cofia de malla (del Señor J, o sea, yo), una cota (del Señor B) y una espada “recuerdo de Toledo” pintada de gris supongo que para que no se la comiera el óxido (del Señor JA) nos fuimos a un cortijo derruido en la carretera de Víznar a Granada y comenzamos el germen de lo que espero sean nuestros pasos en el mundo de la recreación medieval.


Estas fotos son una p… mierda, pero hago notar cuatro aspectos,  el cierre de la cofia, interesante por su complejidad, que la chaqueta de cuero que encontré entre la ropa vieja sería de mi madre (por lo corta),  que no suelo quitarme el reloj y el estado de nuestro arsenal en el momento.

Nada reseñable de esta experiencia salvo que fue la primera y vimos que el Señor B rivaliza con una Caterpillar en labores de desbroce. (13 de Marzo de 2005).

Medieval Experience II


Dos años después, tras conseguirnos el Señor JA los cascos a través de métodos que sólo la mafia conoce, acabar mi cota y volver a crecer mis huellas dactilares, conseguimos volver a juntarnos en el Castillo de Otíñar, en Jaén. La idea de las Medieval era hacer jornadas fotográficas en entornos medievales alejados de posibles mirones. Este criterio, en principio incuestionable por mi parte, ya se verá, ha sido menoscabado a favor del criterio de cercanía, que como he dicho, se analizará con posterioridad. Y es que yo, Señor J, tengo un sentido del ridículo exacerbado, hasta el punto de que sólo he bailado el vals de la boda y en un par de ocasiones, a lo sumo, (ni yo me acuerdo), en público precisamente por el “miedo al ridículo”. De ahí que mi condición era “que no nos viese nadie”. (Y ahora lo escribo en este blog...)...(total, tampoco lo lee nadie).

El Señor B localizó el castillo bajo los criterios de Estética, Cercanía y Aislamiento. Luego hemos visto que puso el listón muy alto pues para la ME3 hemos tenido serios problemas para localizar algo similar a Otíñar, y eso que ampliamos el radio de búsqueda a Málaga, Almería, e incluso localidades sevillanas.

Del castillo de Otíñar, bastante bien estéticamente, se conserva la torre del homenaje, y el conjunto defensivo de la puerta incluida la garita superior de la entrada.

Para entonces nuestro material se componía de:


- Tres cotas de malla (dos hechas a mano, una de ellas con cofia independiente y otra comprada en la típica tienda de artículos medievales)

- Tres espadas de mano y media (la mía, regalo de despedida de soltero del prestigioso armero Mariano Zamorano, la del Señor JA, gemela de la mía salvo el pomo y del mismo armero, y otra de esas de “recuerdos de Toledo” de armero desconocido).

- Cuatro cascos, tres de ellos conseguidos según se ha relatado y un cuarto, de cuero, comprado por el Señor JA (no sé si empezar a llamarlo Señor Capitalista), que no contento con su réplica del casco de Eomer con malla de protección en la nuca, decidió comprarse este otro al estilo normando.

- Una brigantina (del Señor JA, comprada on line)

- Dos túnicas “vikingas” (de los Señores B y J también on line)

- Accesorios como cubre-botas, ballesta y funda de la espada (cómo no, del Señor JA), fundas de espada “artesanales” de los Señores B y J, y una bota de vino (rellena de acuarius) del Señor J.

- Móviles, gafas, relojes, (Señores B, JA y J), botas chirucas, pantalones de pana y chinos…

Tras dejar los coches aparcados a medio kilómetro del castillo, comenzó la ascensión por un camino de chinillos sueltos y matorral mediterráneo ataviados. Menos mal que era finales de septiembre, porque si hubiese sido en julio nos da algo. El que peor lo pasó fui yo y lo achaco a que llevaba cinco quilos de cofia y casco sobre el cuello, y a que mi cota es algo más larga que la del Señor B. El Señor JA decidió que para este evento no vestiría su cota ni su casco de acero y se presentó con la brigantina y el de cuero. (Cosa que ha vuelto a hacer en la última ME3, igual es que me vio sufrir bastante en la ascensión a Otíñar y le ha “hecho la cruz” a sus “hierros”.

Subiendo con veinte quilos de yerro, a treinta grados, sin entrenamiento previo, te paras a pensar lo bestias que debieron ser en aquel entonces.

- ¡¡Ánimo, al ataque!!
- ¡¡Sube tú con los cojones!!
- ¡¡Agua, agua!!
- Esto me recuerda cuando jugábamos a rol y llevabais cota de malla, escudo, espadas hacha, lanza, grebas, coraza, arco, flechas, mochila, cuerda, yesca y pedernal, libros de hechizos y saltabais barrancos, trepabais por muros, escalabais y nadabais con una tiradita de dados y todo era tan fácil…
- Si esto fuese de verdad, los de arriba se estarían partiendo el culo y al llegar nos masacrarían.
- Si esto fuese de verdad, nosotros seríamos mulas de carga, entrenados desde pequeños para llevar este equipo y pelear con él. Además nos habríamos pasado la vida caminando a dos patas, sin coches ni pasado la vida sentado en tu oficina o sofá de la casa.
- ¡¡Agua, agua!!.
- Eso es demagogia…
- Tío para, para, que me duelen los hombros.
- Pues estamos a mitad del camino.
- Cuando lleguemos pillamos una sombra…

Y dicho y hecho, tras llegar, nos pusimos a la sombra de la torre del homenaje y pasamos allí casi el resto de la tarde comiendo y recuperándonos. Aparte que oímos que unos excursionistas habían llegado y, o bien, no nos vieron, cosa que pudo ocurrir ya que estábamos ocultos, o del miedo que les dimos eligieron no presentarse allí y se conformaron con visitar el lado soleado (y despoblado) evitándonos. Fue una situación incómoda porque, como comenté, tengo bastante sentido del ridículo.



- Yo no salgo.
- Tío, no vamos a estar aquí todo el día…
- ¡Y no se van!.
- Habrá que salir…
- Vamos.
- ¡Hola!.

No quiero pensar la imagen que dimos, pero, en fin, fotos de grupo, saludos etc, y me trago mi orgullo. Tuvo lugar el 30 de septiembre de 2007.

Y por fin…

Medieval Experience III

Curiosamente, “dos años después” (y pico), quisimos aprovechar el “puente” del día de Andalucía. Como dije, estuve dos meses buscando localizaciones, visitando castillos cercanos, (recordemos, Estética, Cercanía y Aislamiento), fuimos viendo que ninguno de los “aislados” cumplía los criterios estéticos. La idea original era ir al castillo con las niñas, vivaquear nosotros esa noche allí, música medieval, bebida, fiesta, mientras ellas se pillaban un hotel y recogernos a la mañana siguiente. El clima principalmente nos hizo rechazar la idea in extremis de volver a Otíñar, (nuestro castillico del alma), pero a última hora surgió un compromiso al Señor JA y decidimos visitar un conocido merendero que conocíamos todos para que supiese llegar una vez el Señor JA hubiese terminado con lo suyo: “A la mierda el Aislamiento, y parte de la estética”.

También sucedió, y creo que eso hizo que mi mal trago se aliviase, que habíamos invitado a cuatro amigos más para que compartiesen esta experiencia. Pensábamos vestirlos con “restos”, es decir, si yo me pongo la malla, mi túnica se la doy al otro y así. Con este plan, dando la cofia y una túnica vestíamos a uno, con la otra túnica a otro, espadas de tartas de boda que todos tenemos, el cuarto casco y la brigantina del Señor JA a otro… un poncho de cuando era quinto… podíamos llegar a “vestirnos” siete personas. (Tres con cotas, dos con túnicas y uno con un poncho y el de la brigantina, cuatro además llevarían casco y un quinto la cofia de malla).Además disponíamos ya de tres escudos a repartir y podría resultar.

De los cuatro invitados acudieron sólo dos, a priori los más desinhibidos del grupo, ya que uno, a pesar de contarle que podíamos “equiparle”, se vino vestido de “romano de carnaval” sin ningún reparo y al otro lo que le sobra es ganas de fiesta.

A la hora acordada, mientras el Señor JA se ocupaba de sus asuntos (y siendo propietario de gran parte del equipo “a prestar”, un casco y al menos, su brigantina o su cota de malla), nos reunimos el Señor B, el Señor P, el Señor JUA, (hermano muy similar del B) y mi menda. (Aparte las niñas que no se vestían aunque tienen tres disfraces de medievales, y digo bien, disfraces de esos de carnaval, pero que dan el pego, al menos, mejor que el de romano).

El Señor JUA se negó a desprenderse de su disfraz de romano. Caso perdido. Y al Señor P, dado que sólo disponíamos de dos cascos, tuvimos que equiparle con la cofia y un poncho “a juego”, que de lejos aparenta. Así que los Señores B y J pudimos ir bastante dignos. (No era el objetivo, pero pintó así la cosa).

Según recreacionistas consultados de prestigio, “al romano habría que matarlo un poco”, pero fue precisamente el romano el que partía la pana golpeando a diestro y siniestro. Cabe recordar en este punto que el objetivo de las Medieval no era el combate, por eso de que, al menos mi espada, tiene gran valor sentimental (la usé el día de mi boda con lo de la tarta) (supuse, por tanto que la nueva espada del Señor B gozaría de igual estatus pues fue igualmente regalada en su despedida de soltero y usada el día de su boda, pero eso es otra historia) y los costes de los escudos es elevado, sino el fotográfico. Claro está que en la anterior ME II se “marcaban” golpes y poses de lucha, pero al ver al “último romano defendiendo Britania” con tanto ardor y al Señor P que tampoco sabía que no éramos tan cafres repartiendo leña, y para asombro mío, el propio Señor B, propietario de tan bella arma y dos de los tres escudos, embistiendo contra ambos, no hubo más que meterse al trapo y tratar de no recibir demasiado. Allí perdí conciencia cívica y pudor delante de la chavalería que iba concurriendo a la melee al grito de “mátalos, mátalos” (sí, los niños es lo que tienen, que mientras me decía mi mujer –hay que ver que vamos a corromper a esos pobres niños- ellos coreaban alegremente esas tiernas palabras).

Espadas melladas,(las malas, las buenas aguantaron mejor), escudos arañados, partidos de la risa, romano, vikingo, normando e indeterminado dimos rienda suelta al estrés y empezamos a descubrir instintivamente el manejo de las distintas armas. Yo por ejemplo vi, en los videos posteriormente que suelo cargar con el escudo mientras rebano espinillas, el Señor B suele adoptar una postura agachada con el escudo adelantado y la espada baja, el Señor P, con indumentaria más ligera, suele saltar y embestir al escudo con patadas que desequilibran bastante, y al Señor JUA cuesta localizarlo pues se mueve constantemente.

La pelea de la mañana acabó así.


Las contrincantes eran temibles y, ellas ya se sabe, suelen formar piña, no como nosotros que luchábamos todos contra todos.










Más tarde al fin, después de comer, llegó el Señor JA y dejó su cota de malla al Señor JUA, pero el casco se lo había prestado días antes a otro que no pudo acudir, de ahí las siguientes fotos.


De izquierda a derecha, Señores JUA, J, P, JA y B.

Yo ya, eufórico tras la experiencia de la mañana, y algo cansado, en consideración al Señor JA que se lo había perdido, insté a que volviésemos a pelear para que “compensara” lo que habíamos vivido. Gracias a esta magnífica idea, el Señor B supo a qué sabe una espada (literalmente) de acero forjada al carbono del maestro armero Mariano Zamorano, puesto que a pesar de vestir cofia le pilló un mandoble con la boca abierta y “lo paró con la muela”. En palabras textuales del propio Señor B, - esto te hace reflexionar en que era muy fácil morir en aquellas luchas- . No hubo mayores daños, pero cortó el rollo.


Por cierto, que no estáis borrachos. Aquí vemos al Señor B y a su clon, Señor JUA o viceversa, mejor dicho, haciendo gasto de mi lanza y la antigua espada del Señor B. Envainada observad la maravilla de espada vikinga también de Mariano Zamorano.

Ya antes de irnos, y dado que estoy contactando con grupos recreacionistas para que nos orienten y aconsejen, pedí que nos vistiésemos los tres originarios completamente para enviar foto de “nuestras pintas” y he aquí el resultado.


“…por eso al utilizarlos junto con los calzoncillos…”.

¡Pero bueno, que ahí no dejo que me mire nadie!. (Sí que son tiquismiquis, hay que recrear hasta los calzoncillos de época). Perdona pero por ahí no paso. Si hay que hacerse unos calzoncillos del siglo XI para disfrutar de la recreación histórica, prefiero no hacérmelos y DISFRUTAR a lo bestia de las frikadas de cafres como nosotros aunque vallamos vestidos de romano de carnaval.

A fecha de la ME3, a nuestro inventario anterior hay que sumar:

-Escudo lágrima, lanza vikinga y colgante "Martillo de Thor" (éste último artesanal de masilla) y hacha oxidada arrojadiza (del mismo trastero de mi padre) (del Señor J)
-Escudo vikingo, escudo truncado y espada vikinga (del Señor B) (aparte de la daga "Dardo" con vaina)
-Cinturón de cuero y daga medieval (del Señor JA).



Y en la actualidad, tras visita a unos familiares y de paso, de "rapiña" por Zaragoza, me he trincado dos gambesones, uno de ellos por encargo para los Señores JA y J, recogidos de manos del mismísimo Fernando Abad.

Por cierto, y cómo no, típico en mis entradas, aprovecho para que os paséis por la página del grupo de recreación Battlehonours, que se ofrecen a prestaros material en caso de que queráis participar en algún evento. Tienen de distintas contiendas y me vienen recomendados también por D. Fernando Abad.

¿Que no sabéis quién es?. En ese caso mejor que os lo diga mi colega El Cansino Histórico;

- ¡Cuidaíto conmigo eh! ¡Vaya usted a la mierda!-

PD. No voy a comisión, lo juro.